Esta
espada perteneció a los Reyes Católicos y constituye uno de los objetos
más emblemáticos de la Real Armería. Se trata de una espada de dos
manos, con pomo hexalobulado de campo calado por cuatro círculos y
arriaz recto rematado a manera de medias lunas, todo ello grabado y
dorado. La hoja, de sección almendrada, está marcada por un círculo
inscrito por un cuadrado de lados prolongados. El pomo está decorado con
una haz de flechas grabado en el anverso y un yugo atado por un nudo
gordiano y follajes en el reverso, emblemas de Isabel I de Castilla y
Fernando II de Aragón respectivamente. En el anverso de los brazos del
arriaz figura el lema TANTO MONTA de Fernando de Aragón, completado en
el reverso por la invocación mariana O MATER DEI ME MEMENTO MEI.
Esta espada se encontraba en la armería imperial
entre las armas que Carlos V heredó de sus abuelos maternos, por lo que
figura en el llamado Inventario Iluminado de la Real Armería acompañada
por una vaina carmesí bordada con los emblemas reales. El carácter
ceremonial de esta espada está confirmado por el inventario de los
bienes de Carlos V conocido como la Relación de Valladolid de 1558 y por
el inventario de la Real Armería de 1594, donde se describe,
respectivamente, como “Una espada ancha vieja de armar Cavalleros con
pomo llano y agujereado y cruz dorada” y como “Otra espada de entradas
con Vna bayna de rraso carmesí bordada con las Armas de castilla y
aragon”.
El estoque real simbolizaba la suprema justicia
que residía en el soberano, por lo que hasta el siglo XVIII fue
utilizado en ceremonias de corte como las investiduras de caballeros,
las juras de los príncipes de Asturias o las entradas triunfales de los
monarcas en las ciudades. En ellas era llevado con la punta hacia
arriba. El privilegio de portar el estoque recaía en los condes de
Oropesa desde 1488, fecha en la que Fernando el Católico concedió dicha
gracia a Fernando Álvarez de Toledo, I conde de Oropesa.
Uno de los episodios más destacados de la historia de Málaga lo
constituye la toma de la ciudad por los ejércitos de los Reyes Católicos
en el año 1487. Las crónicas hablan de un asedio de varios meses en los
que los musulmanes intentaron por todos los medios que las tropas del
rey Fernando no penetraran en la ciudad, por entonces rodeada por una
muralla de tapial, compuesta por cal y arena, de unos dos o tres metros
de grosor. Aquel cerco fue uno de los principales obstáculos que se
encontró el ejército de los Reyes a la hora de alcanzar sus propósitos.
¿Cómo lo hicieron?
Una de las respuestas a esta pregunta se ha encontrado durante las
obras de reparación del interior de la céntrica parroquia de Santiago,
el primer templo cristiano de la Málaga católica, construido en estilo
mudéjar apenas tres años después de la toma de la ciudad, en 1490. Las
excavaciones ya realizadas en el interior de esta iglesia por parte del
Obispado, bajo la dirección del arquitecto técnico Pablo Pastor, han
incluido la limpieza de varias criptas subterráneas que estaban cegadas
por montañas de escombros.
En una de ellas, en concreto en la situada bajo la capilla en la que
se venera la imagen de Jesús de Medinaceli, ha aparecido un objeto que
ha llamado poderosamente la atención de los arqueólogos. Se trata de una
piedra esférica de gran tamaño que, según explicó la arqueóloga Ana
Arancibia Román, encargada de supervisar las excavaciones en Santiago,
ha sido identificada como uno de los bolaños que las tropas de los Reyes
Católicos lanzaron con catapultas contra la muralla musulmana con el
objetivo de desestabilizarla y poder penetrarla.
Obras en la iglesia de Santiago /
Salvador Salas
“En las excavaciones que se han realizado en los últimos años en el
entorno de la muralla medieval han aparecido piedras como esta, pero
creo que es la de mayor tamaño que hemos encontrado hasta ahora”, señaló
Arancibia, quien aclaró que posiblemente se lanzaban contra la muralla
con una especie de catapultas accionadas por algún resorte. “Seguramente
tuvieron que lanzar bastantes para poder dañar suficientemente la
muralla. No hay que olvidar que junto al lugar en el que se construyó la
iglesia de Santiago estaba justamente la puerta de Granada, por la que
se dice que entraron victoriosas las tropas católicas”, expuso esta
arqueóloga. Alguien quiso que ese bolaño, lo que hoy podría considerarse
como una de las 'bombas' lanzadas por los Reyes Católicos en la toma de
Málaga, permaneciera en este lugar pese a las transformaciones que ha
experimentado con el paso de los siglos. Su conservación en una de las
criptas de la iglesia de Santiago ha permitido que ahora haya podido
descubrirse.
Fernández Álvarez: "Los éxitos de los Reyes Católicos dejaron a los europeos boquiabiertos"
Elena Sanz
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Los 10 reyes que han durado más en el trono Pocos
historiadores han conseguido como él interesar al gran público con sus
biografías sobre los monarcas españoles de los siglos XV y XVI. Manuel
Fernández Álvarez ofrece a MUY HISTORIA su autorizada visión sobre
Isabel de Castilla y Fernando de Aragón.
-De quién partió la idea de unir en matrimonio a Isabel y Fernando de Aragón? -La
idea fue del padre de Fernando, Juan II de Aragón, que deseaba una
alianza firme con Castilla para hacer más estable su situación en la
Península, habida cuenta de los problemas que tenía con Cataluña y sus
pugnas con el reino de Navarra.
-Resulta extraño que
Enrique IV no luchara para imponer a su hija, Juana la Beltraneja, como
futura reina de Castilla, en lugar de su hermanastra Isabel. -Esa
actitud tuvo mucho que ver con el carácter pusilánime que tenía Enrique
IV. En cualquier caso, el Rey hizo algún intento para mantener a su
hija Juana como futura heredera de la Corona de Castilla, ya que impuso a
Isabel unas condiciones tales que hacían poco probable su llegada al
trono algún día. El Rey pretendía que se casara con un príncipe
portugués, de tal forma que, a su muerte, fuera su hija Juana la que
heredase el trono de Castilla. Arropada por un buen equipo de asesores y
por su propia inteligencia, Isabel negoció a su vez una cláusula en la
que se reservaba la libertad de elección en su matrimonio. Cualquiera de
los dos podía engañar al otro. Finalmente, Isabel eligió a Fernando,
que aportaba el Reino de Aragón y su juventud, lo que obviamente
disgustó a Enrique IV.
-¿Cuáles fueron las razones del levantamiento de parte de la nobleza contra Enrique IV en la Farsa de Ávila? -La
facción de nobles reunidos en torno a la Liga se enfrentó a Enrique IV y
proclamó nuevo rey a Alfonso, el hermano pequeño de Isabel. Para una
parte de Castilla, aquel muchacho de 13 años era el monarca legítimo, lo
que convertía a Isabel en la heredera del trono mientras Alfonso no
tuviera descendencia. Pero el infante-rey murió el 5 de junio de 1468,
lo que complicó el futuro de Isabel. Sin embargo, uno de los rasgos de
su carácter fue el sentido de la realidad. Supo afrontar la situación y
ganar las batallas políticas que se le fueron presentando. Viendo la
dificultad de aquel paso, se comprometió con Enrique IV a no hacer nada
en su contra mientras él viviera. Pero a su muerte, ella ocuparía el
trono.
-¿El matrimonio de Isabel y Fernando fue un enlace político o se trató de una unión sentimental en toda regla? -En un principio, fue un negocio de Estado, un mero matrimonio político. Pero pronto derivó en una verdadera unión sentimental. -En su libro, usted cuenta la boda de los jóvenes príncipes como si fuera un capítulo de una novela de caballerías. -Es
que fue así. Isabel era la princesa joven y rubia que estaba cautiva,
el Rey la mantenía en semicautiverio. Además, iban a obligarle a
contraer matrimonio con un viejo rey portugués, mucho mayor que ella. El
joven Fernando de Aragón fue el caballero que realizó la proeza de
disfrazarse de mozo de mulas para pasar desapercibido por una Castilla
controlada por los hombres de Enrique IV. Culminó con éxito aquel
peligroso viaje y logró liberar a la princesa y casarse con ella. Un
final feliz muy propio de una novela de caballerías.
Fernando de Aragón fue el político más hábil del Renacimiento
-¿Podría describir cómo era Fernando de Aragón? -Era
un hombre aguerrido, muy preparado militarmente e inteligente, tal y
como demostró en su reinado. Fue el primer gran capitán de los tiempos
modernos, el que ganó la batalla de Toro y el que reconquistó Granada.
Hernando del Pulgar (cronista de los Reyes Católicos) lo describe como
de mediana estatura, algo más alto que ella. Pero, en contraste con la
rubia Isabel, él era de pelo muy negro. Tenía el don de gentes y era muy
mujeriego, pero también un hombre discreto, dueño de sí mismo y un
verdadero rey-soldado. Sin duda, fue el político más hábil del Renacimiento y su prestigio fue tan grande que le glosó el propio Maquiavelo.
-¿Y cómo era la Reina? -Si
nos quedamos con el rostro del cuadro de Juan de Flandes, Isabel es una
mujer ya mayor, apartada de las cosas mundanas, con un aire muy monjil y
poco atractiva. Pero la imagen de la Reina cambia si nos atenemos al
cuadro la "Virgen de la mosca" (de pintor flamenco desconocido) que se
conserva en la Colegiata de Toro, en el que se ve a una joven rubia muy
hermosa. Esa es la mujer que enamora a Fernando. Desde el punto de vista
cultural, Isabel llegó a entender que no podía pasar a la historia como
una gran reina sin impulsar la arquitectura y las letras. De hecho,
logró reunir una gran colección de pintura. Como representante del
Estado, fue una mujer dura. Pero luego hay una etapa final en su vida en
la que la mujer de Estado dio paso a la mujer santa.
-Hay quien la critica por su fundamentalismo religioso. -Nunca
me lo he planteado en esos términos tan rigurosos. Pero sí es cierto
que hay que pensar que el carácter de Isabel iba en esa línea cuando
decidió apoyar la Inquisición y ordenó la expulsión de los judíos.
-¿Cuál de los dos monarcas decidió dicha expulsión? -Es
difícil deslindar la voluntad de Fernando y de Isabel. Hay un gran
debate al respecto. En todo caso, yo diría que Isabel veía en la
Inquisición un instrumento para vigilar la fe y el buen orden cristiano.
En aquella época, los judíos no perdonaban a los conversos su traición y
su afán de engrandecerse. Los intentos de los judíos por atraer a estos
conversos y el peligro de que algunos se judaizaran (hubo cristianos
conversos que se reconvertían al judaísmo) pudieron motivar aquella
respuesta tan dura de los Reyes Católicos.
-¿El Tribunal de la Inquisición fue un instrumento político en manos de los Reyes Católicos? -Fernando
percibió lo que suponía para el poder regio el contar con un Tribunal
tan poderoso, capaz de extender su jurisdicción sobre toda España. Pero
aquel instrumento hizo que los Reyes fueran demasiado servidores de una
intolerancia religiosa. No hay ninguna duda de que miles de personas
fueron quemadas vivas tras ser condenadas por la Inquisición. Fue una
crueldad tremenda.
-Usted cuenta en su libro lo que le ocurrió a la pobre Pampana...
-El fiscal acusó a aquella mujer de haber comido carne toda la
Cuaresma, especialmente un guiso de gallina. La tal Pampana, que en
realidad se llamaba María González y estaba casada con Juan Pampán, fue
acusada de judaizar y con tales pruebas fue condenada a ser quemada
viva, con otras 33 personas que fueron igualmente enviadas a la hoguera
por los inquisidores de Ciudad Real, en 1484. -Parece ser que el propio Vaticano afeó la conducta a los Reyes Católicos.
-El Pontificado de Roma quedó espantado de las cosas que estaban
haciendo los reyes de Castilla y Aragón, y no quiso ser solidario de
algo tan anticristiano. Se produjo un fuerte forcejeo entre Roma y
Fernando el Católico, que no estaba dispuesto a dejarse arrebatar el
privilegio que tenía con la Inquisición. El Papa terminó arrugándose, ya
que temía perder el apoyo de dos monarcas tan poderosos y tan
necesarios en aquella cristiandad amenazada por los turcos.
-Pero, frente a ese aspecto oscuro, el reinado de Isabel y Fernando
tuvo también un lado de gran brillantez. En su opinión, ¿cuáles fueron
los grandes logros de los Reyes Católicos? -Aquella España
se presentó con tal poder, que toda Europa intuyó que una nueva época
iba a dar comienzo. En pocos años, los dos monarcas apaciguaron sus
territorios, lograron reconquistar el reino nazarí y colaboraron con su
ayuda al descubrimiento de una nueva ruta atlántica hacia las Indias
Orientales. La toma de Granada hizo desaparecer la frontera sur con el
mundo musulmán, lo que dio mayor seguridad a Castilla y a la propia
cristiandad europea. Aquella hazaña, que llenó de prestigio a los reyes
Fernando e Isabel, fue un milagro político. Sus logros dejaron
boquiabiertos a los europeos
-¿Quién fue el impulsor de la toma de Granada?
-Así como Fernando fue el gran soldado y el estratega que logró el
éxito militar, Isabel fue el alma de aquella empresa. En 1483 murió en
Francia Luis XI, que poco antes, sintiéndose en sus últimos momentos,
expresó sus dudas en cuanto a la licitud de su apropiamiento de los
condados de Rosellón y Cerdeña. Viendo Fernando que tenía la oportunidad
de consolidar el reino de Aragón con la anexión de dichos condados,
decidió que ya había hecho mucho trabajo para Castilla. En aquel momento
dejó la campaña en Andalucía. Sin embargo, Isabel le dijo que ella iba a
permanecer en su puesto para llevar a cabo la tarea que tenía
encomendada, que no era otra que la toma de Granada. Fue un momento de
gran tensión y desavenencia entre ambos, que degeneró en una crisis
matrimonial. Pero la postura firme de Isabel hizo que su marido cediera y
retomara la campaña contra los musulmanes.
-¿La guerra para reconquistar Granada contó con el apoyo popular necesario?
-Aquella guerra se libró contra el infiel y por lo tanto en los
territorios cristianos fue una guerra popular. Los pueblos salían con
fervor al paso de las tropas de Fernando. El esfuerzo por reconquistar
Granada tuvo tal apoyo social, que su recuerdo ha perdurado en el arte.
En la estela funeraria de la figura del Doncel de Sigüenza, que se
llamaba Martín Vázquez de Arce, se dice con orgullo que había estado en
la campaña militar de la Vega de Granada, donde murió en 1486. De
Francia e Inglaterra llegaron cruzados para colaborar en la lucha contra
los musulmanes. Toda la cristiandad entendió que en Andalucía se estaba
librando una guerra muy importante contra el islam. Aunque fue una obra
de Castilla y Aragón, tuvo mucho de europea, ya que la toma de Granada
venía a ser un desquite de Europa por lo sufrido en la caída de
Constantinopla.
-¿Aquella guerra tuvo algo de cruzada caballeresca?
-Fue una guerra llena de lances caballerescos, aunque no hay que
olvidar que en ella se aplicaron nuevas técnicas bélicas. Fue una guerra
moderna en la que, si bien quedaban aspectos de cruzada medieval y
caballeresca, se atacó de forma global tanto a las formaciones militares
como a toda la población civil.
-¿Qué técnicas militares introdujo Fernando el Católico?
-En la batalla de Ronda, Fernando utilizó la artillería de una forma
muy activa. Primero asediaba la plaza, luego lanzaba pellas incendiarias
y, finalmente, la bombardeaba con artillería. Aquellos ataques
provocaban tal pavor que la propia población asediada pedía a sus tropas
que negociaran con el atacante o rindiesen la ciudad. Los bajorrelieves
de la sillería de la catedral de Toledo, de Rodrigo Alemán, constituyen
un testimonio gráfico impresionante de cómo eran aquellos asedios. Cada
una de las sillas está dedicada a un momento de la guerra de Granada,
formando una crónica de las campañas militares para la reconquista del
reino nazarí. -¿Cuál fue el impacto político de la derrota musulmana?
-En los años siguientes a la toma de Granada, España demostró a las
claras que se había convertido en la primera potencia de la cristiandad.
Aquel éxito de los Reyes Católicos tuvo su continuidad con el apoyo que
brindaron a Colón para conseguir alcanzar las Indias Occidentales o,
más bien, América.
Colón era un gran navegante, pero un pésimo gobernante
-Parece increíble que los Reyes Católicos apadrinaran la
empresa de un marino de cuyo sano juicio muchos dudaban. ¿Qué sucedió
para que el proyecto de Colón fuera aprobado? -El
descubrimiento de América llegó como un regalo. Así como la toma de
Granada fue una apuesta consciente para la recuperación de un
territorio, la aventura de Colón fue una casualidad. Muchos dudaban de
la viabilidad de aquella empresa. Una carta de Fernando el Católico
(1512) que encontré en los fondos documentales de la Colección Muñoz de
la Real Academia de la Historia resulta muy reveladora de su
escepticismo. En ella, el Rey comentaba indignado las peticiones que
imponía Juan Ponce de León para ir a descubrir nuevos territorios en las
Indias Occidentales, unas exigencias que eran muy similares a las que
había planteado Colón años antes. En su carta, Fernando señalaba que
Colón se enfrentó a la dificultad de hallar unas tierras sin que hubiera
esperanza alguna de tener éxito. Por el contrario, Ponce de León ya
tenía el camino allanado. Por lo tanto, no podía exigir lo mismo. En
cualquier caso, lo que desvela la carta es el escepticismo que sintió
Fernando ante la empresa que le propuso Colón. Estaba seguro de que todo
iba a ser un fracaso.
-¿Y por qué finalmente dio el visto bueno a Colón?
-Precisamente porque pensaba que no iba a descubrir nada. Las
peticiones desorbitadas de Colón, al que consideraba un advenedizo, no
irían a ningún sitio. Hay que recordar que el navegante exigió los
cargos de Virrey y Gobernador General de todas las tierras descubiertas y
el título de Almirante del Mar Océano, lo que le equiparaba con la alta
nobleza castellana y con un Enríquez, tío de Fernando el Católico, que
fue Almirante de Castilla. Al principio, el Rey se encolerizó mucho con
las pretensiones de ese personaje. Pero luego comprendió que aquello no
tenía tanta importancia. Fernando estaba seguro de que aquel aventurero
no iba a volver y si volvía sería con el rabo entre las piernas. Además,
la empresa tampoco era muy costosa y con su apoyo complacía a la Reina.
-¿Qué razones tuvo Isabel para impulsar aquella aventura? -Aunque
la empresa que proponía Colón parecía una quimera, hubo dos aspectos
que fueron determinantes en el apoyo de Isabel. Por incierta que fuese
la aventura, una reina con una entidad como la suya no podía dejar en
manos de otro monarca la posibilidad de ser protagonista de un gran
descubrimiento. A eso se añadió que se podían encontrar nuevos
territorios donde propagar la fe, algo muy importante en aquel momento
para Isabel, que ya se encontraba en su etapa de mayor fervor religioso.
-¿Los Reyes Católicos fueron conscientes de la importancia del Descubrimiento?
-Al principio se produjo un cierto desencanto. Colón era un gran
navegante, pero un pésimo gobernante. Sus desaciertos en el gobierno de
La Española (actual República Dominicana y Haití) fueron enormes. Pese a
todo, los Reyes comprendieron muy pronto que el Descubrimiento
significaba una enorme posibilidad de expansión de territorios. Los
Reyes Católicos sabían que lo descubierto era tan sólo una fracción de
un mundo inmenso. En su testamento, Isabel dispuso que las Indias
quedaran incorporadas a la Corona de Castilla, pero en agradecimiento al
apoyo que tuvo de su marido dejó escrito que el Rey recibiese la mitad
de lo que rentasen las islas y tierra firme del mar Océano.
-¿Contribuyeron los monarcas a la formación de la unidad política de España?
-Ellos pensaban en España, pero sin romper su diversidad. Su proyecto
no era hacer unas Cortes de España, sino mantener por separado las de
Castilla y Aragón. En aquel entonces había una frontera, una lengua y
una justicia distintas. Fernando e Isabel empezaron a configurar una
monarquía hispánica, una nueva estructura política plenamente europea,
tal y como se entendía entonces Europa, que era el espacio de la
cristiandad. Pero hubo que esperar dos siglos para hablar de una unidad
política. Fue Felipe V de Borbón el que introdujo en España el esquema
de una Francia centralizada. En realidad, en la época de los Reyes
Católicos la única medida de unificación fue la religiosa.
Fallecimientos
inesperados, luchas fratricidas y conspiraciones de personajes siempre
dispuestos a obtener poder. A primera vista parecería que describimos el
argumento de alguna novela que contiene todos esos elementos, pero lo
cierto es que la Historia está plagada de sucesos eventuales que,
dándose de forma insólita, cambiaron el destino de todo un pueblo.
Durante la Edad Media todos los reinos y territorios que formaban parte
de la Corona de Aragón vivieron momentos turbulentos como consecuencia
de la coyuntura socioeconómica y política, pero pocos episodios vividos
anteriormente tuvieron tanta relevancia como la muerte del que se
consideraba el último de una dinastía fundada siglos atrás por Wifredo I
el Velloso.
A la muerte de Martín I
los aspirantes al trono intentaron hacer valer sus derechos. Los que
tuvieron más posibilidades fueron Jaime de Urgel y Fernando de
Trastámara.
El 31 de mayo de 1410 fallecía Martín I el Humano, rey de Aragón, Valencia, Mallorca, Cerdeña y Sicilia, y conde de Barcelona. Martín I, segundo hijo de Pedro IVel Ceremonioso y de Leonor de Sicilia, había sucedido tiempo atrás a su hermano mayor, Juan I el Cazador, cuando éste había fallecido abruptamente sin dejar hijos legítimos vivos. El nuevo monarca, coronado en 1396, parecía asegurar la continuidad de la estirpe gracias a Martín el Joven, su primogénito y heredero. Aunque las crónicas describen al príncipe como un muchacho sano, valeroso y de grandes aptitudes, el joven no pudo resistir unas terribles fiebres que, producto de la malaria, le darían muerte en 1409. Consciente de la obligada necesidad de un heredero el monarca intentaría engendrar un nuevo descendiente legítimo tomando por esposa a la joven Margarita de Prades, aristócrata perteneciente a una rama secundaria de la casa de Barcelona. Sabiendo que dicha unión no aseguraba un retoño, y enterado de la existencia de un hijo ilegítimo de Martín el Joven llamado Fadrique de Luna,
lo mandó traer desde Sicilia con el fin de prepararlo como príncipe al
mismo tiempo que iniciaba las consultas pertinentes para legitimarlo.
Viendo
improbable que dicha legitimación fuera posible por los escasos apoyos a
su nieto (un niño de 9 años) en los sectores aristocráticos más
poderosos, y sin que su unión con la nueva reina hiciera posible un
embarazo, Martín I decidió nombrar Lugarteniente del Reino de Aragón y posteriormente Gobernador General de la Corona al conde Jaime de Urgel,
marido de la princesa Isabel de Aragón y Fortiá. Designado con unos
títulos que estaban reservados a los futuros herederos, Jaime de Urgel
parecía erigirse como el candidato más idóneo a la
sucesión a ojos del rey, a pesar del evidente rechazo hacia su figura. Y
es que si bien su ascendencia, su edad, su residencia en la Corona de
Aragón y sus relaciones con la familia real le otorgaban una posición
más que privilegiada con respecto a cualquier otro hipotético
pretendiente, su escasa habilidad política al formar parte de los enfrentamientos nobiliarios en Aragón y Valencia le reportaría muy poca popularidad
entre las personalidades de mayor peso. Debido al repudio público por
diversas acciones erróneas llevadas a cabo por Jaime de Urgel, Martín I revocaría su nombramiento días antes de su fallecimiento,
iniciándose de este modo un complicado periodo en el que la Corona de
Aragón, sin monarca y enfrentada entre sí, estaría sumida en una marcada
inestabilidad.
Benedicto XIII (conocido como el Papa Luna, el antipapa aragonés), sabedor de su influencia en los territorios de la Corona de Aragón, daba abiertamente apoyo a Fadrique
frente a las aspiraciones de otro infante, el francés Luis de Anjou. A
pesar de la firme apuesta del eclesiástico por su candidato poco a poco se haría evidente que el aspirante con más posibilidades de acceder al trono era el castellano Fernando de Antequera.
Hijo de Juan I de Castilla y de Leonor de Aragón y Sicilia, sus
derechos derivaban de su parentesco: gracias a su madre Fernando era nieto de Pedro IV y sobrino de Martín I.
Hombre dotado de gran inteligencia y astucia, sus ingentes recursos
económicos le llevarían a ser considerado un más que digno sucesor del
desaparecido monarca, a pesar del inconveniente que suponía para su candidatura desempeñar la regencia de Castilla (junto a su cuñada Catalina de Lancáster) durante la minoría de edad de su sobrino, el futuro Juan II.
Fernando I el Justo
(1380-1416), el primer monarca de la Corona de Aragón perteneciente a
la dinastía de los Trastámara, tuvo un reinado muy breve. Alfonso V el Magnánimo, su hijo, le sucedería como rey
Beneficiado por la división entre aragoneses, valencianos y catalanes, de su prestigio militar y político, y de los recursos cedidos por las Cortes de Castilla, Fernando atraería el apoyo de numerosas familias nobiliarias de la Corona y del propio Papa Luna,
que ambicionaba seguir manteniendo su influencia en la Corona de Aragón
y en un posible rey que, siguiendo la tradicional obediencia castellana
a Aviñón, le daría su apoyo en la lucha que mantenía con Gregorio XII,
el Papa de Roma. Benedicto XIII, apoyado por el dominico Vicente Ferrer
(patrón de la Comunidad Valenciana), decidiría reunir a nueve
compromisarios que representaran a Cataluña, Aragón y Valencia, mientras
que el antiguo Reino de Mallorca, excluido y sin poder de decisión,
quedaría supeditado a la voluntad del resto de territorios de la Corona.
Reunidos en Alcañiz y Tortosa los parlamentarios acordaron elegir nuevo
monarca sin convocar Cortes Generales, delegando en un pequeño grupo de
representantes la responsabilidad de elegir al nuevo rey.
Los compromisarios, reunidos en Caspe
a partir del 29 de marzo de 1412, examinaron los derechos de los
candidatos y, luego de atender largas negociaciones durante los
siguientes meses con los diferentes aspirantes, resolverían dictar
sentencia el 24 de junio de ese mismo año. En Caspe, y después de una pertinente votación, Fernando de Antequera se impondría a su más directo adversario, Jaime de Urgel. No aceptando los pretextos de los compromisarios reunidos, que alegaron que su elección se debía al grado de parentesco entre el castellano y Martín I,
el aristócrata se rebelaría en contra del poder real. Nada pudo hacer
Jaime de Urgel para detener la coronación del nuevo rey, quien antes de
doblegar al conde y a sus partidarios, sería proclamado como tal el 28 de junio de 1412.
A pesar de que muchos especialistas aciertan a señalar que Fernando I y
sus sucesores introdujeron cambios muy poco relevantes (manteniéndose
lengua, costumbres y derechos), el hecho de que se eligiera a Fernando I
como nuevo monarca significaba la entronización de una nueva dinastía
cuyo origen era castellano. Gracias a una serie de eventos inesperados, y
contra todo pronóstico, los Trastámara se convertían en los nuevos
reyes de la Corona de Aragón.
La muerte de Felipe I El Hermoso por un vaso de agua
Felipe I, mas conocido por Felipe
El Hermoso (1478-1506), marido de Juana La Loca, murió en Burgos el 25
de noviembre de 1506 tras beber agua fría después de un partido de
pelota.
Alfonso IX de León fue el primer monarca del
mundo que convocó una asamblea que hoy la UNESCO reconoce como el primer
precedente del parlamentarismo en el mundo.
Los leoneses y no los ingleses “inventaron” el parlamentarismo en el mundo
Carlos Berbell
Gracias
al cine y a la literatura nos hemos creído que los ingleses fueron lo
inventores del sistema parlamentario y de la democracia. Lo han vendido
bien, es cierto.
Todo el mundo se ha creído que nació en 1215, cuando la nobleza obligó al rey Juan Sin Tierra, hermano de Ricardo Corazón de León, a firmar la Carta Magna,
para mantenerse en el poder. Todo el mundo cree que esa fue la primera
vez en el mundo en la que el poder de un monarca se vio limitado por
una asamblea; un precedente histórico del constitucionalismo clásico.
Pero no es verdad. No fueron los ingleses sino los leoneses nada
menos que 27 años antes, en 1188. Concretamente en el Reino de León, por
orden del monarca Alfonso IX.
O lo que es lo mismo, los españoles -como herederos de aquellos leoneses-.
Así lo reconoció y lo proclamó la UNESCO en 2013: León es el
precedente histórico mundial más antiguo del parlamentarismo en el
mundo.
En la primavera de aquel año, Alfonso IX convocó en la Iglesia de San
Isidoro de León lo que entonces se denominaba Curia Regia, o consejo
real, que hoy es considerado “el precedente institucional más cercano a
las cortes”, o parlamento.
A dicha asamblea fueron llamados los representantes del clero, la
nobleza, y, por primera vez en la historia, los “ciues electti”,
representantes elegidos por el pueblo.
Los Decreta, la Carta Magna leonesa
“En el nombre de Dios: yo Don Alfonso, rey de León y Galicia,
habiendo celebrado curia en León, con el arzobispo [de Santiago de
Compostela] y los obispos y los magnates de mi reino y con los
ciudadanos elegidos de cada una de las ciudades, establecí y confirmé
bajo juramento que a todos los de mi reino, tanto clérigos como laicos,
les respetaría las buenas costumbres que tienen establecidas por mis
antecesores”, declaró Alfonso IX en los Decreta, la Carta Magna leonesa.
Los “Decreta” era un corpus documental que estaba compuesto por 17
estatutos o decretos que reconocían derechos, garantías y libertades y
obligaba a todos los estamentos sociales, desde el monarca hasta el
ciudadano más humilde, a cumplir la ley.
El Reino de León en aquel entonces comprendía lo que hoy es Galicia, Asturias, León y Extremadura.
De acuerdo con el catedrático de la Universidad de Westminster, John Keane,
este impulso democrático se debió, en parte, a la necesidad de la
Corona leonesa de obtener ingresos, tras el freno de la Reconquista. De
ahí la participación del pueblo, como una contrapartida a la subida de
impuestos.
A diferencia de la “Carta Magna” inglesa, no se conserva el texto original de los “Decreta” de 1188.
Sin embargo, las copias, contenidas en documentos diplomáticos
medievales bastaron al Ministerio de Educación, Cultura y Deporte para
solicitar, ante la Unesco en 2012, el reconocimiento de León como
precursor mundial de las cortes democráticas. Un reconocimiento que se
produjo un año más tarde.
Uno de los documentos que componían los Decreta, del Reino de León, anterior a la Carta Magna inglesa.
En el resto de Europa fue más tarde
En otros países europeos, la burguesía no participó en las decisiones
políticas hasta el siglo XIII: en Alemania, la burguesía se incorporó a
la Dieta en 1232; en Inglaterra, el estamento popular alcanzó
representación en el Parlamento por primera vez en 1265; y en Francia,
lo hizo más de cien años después, en 1302
Las abdicaciones de los reyes de España, de Carlos I a Juan Carlos
Desde el siglo XV, posiblemente solo dos reyes hayan escapado al oprobio
general: Isabel la Católica y su esposo Fernando, el resto fueron
simpre presionados y discutidos
Otras naciones han sido más crueles con sus reyes -los franceses
cortaron sus cabezas, los ingleses asesinaron a varios-, pero solo los
españoles han expresado persistentemente y salvo excepciones sus dudas
acerca de su monarquía y sus monarcas.
Si un erudito fuera a escribir la historia de la monarquía española desde el siglo XV en adelante, debería tener en cuenta la campaña de difamación
urdida contra el padre de la Beltraneja y su vergonzosa destitución en
una ceremonia pública; el intento de asesinato de Fernando el Católico;
el desprecio público por Juana la Loca; la rebelión de los Comuneros
contra Carlos I; la indiferencia hacia Felipe II; el vilipendio sufrido
por Felipe III; el desdén hacia Carlos II; el abierto rechazo a Felipe
V... Y eso antes de entrar en la España contemporánea.
Desde 1465, contra Enrique IV, los nobles y líderes políticos han exigido la abdicación de sus soberanos
Posiblemente solo dos reyes hayan escapado a este oprobio general: Isabel la Católica y su esposo Fernando. Ambos fueron elogiados y reconocidos como
únicos y verdaderos gobernantes españoles del país; muchos de los que
les sucedieron fueron vistos como extranjeros y, por tanto, indeseables.
Estas opiniones hacen más fácil comprender por qué los castellanos -y
debemos enfatizar castellanos en lugar de españoles- estuvieron siempre
a la vanguardia de los movimientos para deshacerse de sus reyes.
Desde el intento de los nobles castellanos en la ciudad de Ávila en 1465, para destronar a Enrique IV el Impotente, sus líderes políticos nunca dejaron de exigir la abdicación de sus soberanos.
La revuelta de los Comuneros en 1520 fue un claro
intento de deshacerse de Carlos I; algunos Comuneros querían a su
hermano Fernando como rey, otros llegaron al punto de exigir una
república. Años más tarde, en 1555, Carlos I abdicó, pero lo hizo sobre todo por razones de salud -murió a los pocos meses-, no por presiones políticas.
El emperador Carlos I de España por Tiziano.
El fundador de la dinastía borbónica en España también abdicó por motivos de salud,
pero en circunstancias que iniciaron una tendencia muy negativa. En
1724, Felipe V, tras un cuarto de siglo en el trono, manifestó su deseo
de retirarse a su palacio de La Granja. Anunció a su gobierno que
renunciaba "para servir a Dios desembarazado de otros cuidados, pensar
en la muerte y solicitar mi salvación".
El Rey sufría de presiones y vaivenes en sus estados de ánimo, lo
cual le hizo ausentarse del trono y recluirse en su recién edificado
palacio. Su hijo Luis falleció muy pronto, de modo que Felipe hubo de retomar la corona ese mismo año.
La reasunción fue vista por muchos como illegal: fue la primera
ruptura seria que ocurrió entre la Corona española y la clase política
gobernante, y tuvo implicaciones a largo plazo que afectaron a la
dinastía de los Borbones hasta el siglo XX. La cuestión sucesoria
empezaba a ocupar el centro del debate político. De hecho, hacía pocos
años que había finalizado la Guerra de Sucesión entre los habsburgo y
los borbones, tal como se relata en las páginas 36 a 41 de este mismo
número.
El partido fernandino
Los opositores al régimen, conocidos como "el partido fernandino"
porque respaldaban los derechos del joven príncipe de Asturias Fernando,
no dejaron de hacer campaña contra la vuelta de Felipe, divulgando
panfletos y rumores.
El siglo XIX fue tanto o más complejo. Desde su nacimiento como
nación, en 1808, España no dejó de instalar y desinstalar reyes. Ese año Fernando VII obligó a su padre a abdicar;
al poco, Napoleón hizo lo propio con él. Entonces la corona recayó en
José I, hermano del Emperador. España estaba en plena guerra contra el
invasor francés, lo que convirtió a Fernando VII en "el Deseado", tal
vez -y paradójicamente- el único rey popular de la dinastía borbónica.
Amadeo I de Saboya renunció en 1873.
Fernando fue proclamado rey por los constituyentes de Cádiz y Napoleón firmó la devolución de la corona
en 1813, en el Tratado de Valençay. Sin embargo, Fernando VII dejó un
legado atroz. Además, tras su muerte, al carecer de sucesor varón, se
desataron las guerras carlistas entre los partidarios de su hija Isabel y
de su hermano Carlos María Isidro.
Ni la institución ni los candidatos al trono gozaron después del
pleno apoyo social y político. Además, la inestabilidad de esos años
propició que el control del país estuviera en manos del ejército. Fue un
militar, Prim, quien provocó la revolución de 1868,
que obligó a la reina Isabel a abdicar. Sin embargo, muchos de los que
apoyaron la destitución de Isabel II sabían que la monarquía garantizaba
la estabilidad del país.
Se cambió la dinastía, no el régimen: en 1870 Amadeo de Saboya, hijo del rey Víctor Manuel II, accedió al trono. El pobre Amadeo fue incapaz de poner orden y abandonó en 1873. Entonces se proclamó la I República.
Estas dos abdicaciones no tuvieron nada que ver con problemas de salud.
Más bien fueron causadas por la mala salud de España, desgarrada por
sus peleas interminables. Isabel II, por ejemplo, era bastante popular y
solo contaba 38 años cuando fue destronada. Los escándalos de su vida
privada fueron deliberadamente explotados por sus enemigos políticos.
Las abdicaciones del siglo XIX explican por qué los reyes nunca lograron
instalarse en el corazón de los españoles.
Isabel II.
La monarquía fue restaurada en 1874 en la figura de Alfonso XII.
La Restauración no supuso la total estabilidad política y menos después
de la muerte del Rey, a los 28 años, tras un breve reinado de diez. A
estas alturas, el país se estaba acostumbrando a un régimen
semirepublicano, comandado por sus oligarquías.
La larga regencia que sobrevino a continuación, encarnada en la viuda del difunto rey, María Cristina de Austria,
finalizó cuando Alfonso XIII asumió el poder en 1902. Posteriormente,
Alfonso XIII también tuvo que renunciar, según sus palabras, porque las
elecciones locales de 1931 le revelaron que carecía del "amor de su
pueblo".
'Delenda est monarchia'
Las abdicación de Isabel fue provocada por acontecimientos políticos y
no tanto como resultado de la impopularidad de la monarquía. Sin
embargo, algunos líderes políticos insistieron en dudar sobre la
institución. En aquellos días, noviembre de 1930, Ortega publicó un
artículo en El Sol que terminaba diciendo: "Delenda est monarchia" (La
monarquía ha muerto). Denunciaba el "error Berenguer", que consistió en
que la monarquía, de espaldas a la realidad, actuaba como si la
dictadura no hubiese ocurrido. Ortega olvidó mencionar que los políticos
no le dieron a la monarquía una oportunidad.
Ortega denunció en 1930 el 'error Berenguer': la monarquía actuaba como si la dictadura no hubiese ocurrido
Cuando nació la República, en 1931, Azorín la recibió con emoción:
"España recuperará su significado histórico, su verdadera tradición,
interrumpidas por la sucesión al trono de los austrias y los borbones".
Azaña, en un discurso en 1932, denunció a la dinastía de los Habsburgo
como "una digresión monstruosa de la historia española, que comienza en
el siglo XVI, que corta el normal desenvolvimiento del ser español, y le
pone con todas sus energías y toda su grandeza al servicio de una
dinastía servidora a su vez de una idea imperialista y católica".
Estos sentimientos reflejan la obsesión por un pasado mítico que, de
alguna manera, anticipa la realidad. El mito de la monarquía fallida
proyectó su sombra sobre la vida política hasta el siglo XXI.
Los demócratas tuvieron que atravesar una reevaluación muy dolorosa
para aceptar el regreso de la monarquía tras la muerte de Franco. Y la
monarquía, y específicamente la figura de Juan Carlos I, se convirtieron
en pilares esenciales para la superación de los "odios cainistas" y
llevar a buen puerto una "transición modélica", según palabras del
profesor Seco Serrano.
Tras este breve recorrido sobre los reyes de España, podemos llegar a la siguiente conclusión: cuando un rey tenía un problema de salud
-Carlos I y Felipe V-, solo él tomaba la decisión, y nadie más -menos
que nadie los políticos-, de retirarse y abdicar. En el resto de abdicaciones y renuncias, en particular las del siglo XIX, las conspiraciones de y entre políticos que no tenían el más mínimo interés en el bienestar del país fueron la razón principal de los acontecimientos que se sucedieron.
La corona maldita, de Mari Pau Domínguez (ed. Grijalbo, 2016) es una novela histórica que se adentra en los secretos más íntimos y escandalosos del rey Felipe V y su esposa Isabel de Farnesio. Una trama que desvela las relaciones entre el lecho de los reyes y las intrigas palaciegas, cómo lo que sucedió en el interior de la alcoba real pudo determinar el destino de España.
Su última novela es La corona maldita, una historia fascinante del primer Borbón que fue rey en España. Un hombre contradictorio, obsesivo y acosado por los fantasmas del tiempo y de la muerte. Una novela en la que la autora afirma que no ha querido reflejar "cómo se desarrolló el vasto reinado de Felipe V, sino ahondar en el alma de un hombre torturado por terribles miedos y fantasmas". Y lo hace con una historia provocadora, que no escatima en detalles escabrosos para reflejar el desenfreno sexual en el que vivía el rey Felipe V, que bien pudo protagonizar "50 sombras de Rey" junto a una Isabel de Farnesio que desde el primer momento se dedicó a satisfacer los requerimientos sexuales de su marido, descubriendo en ellos una fuente de placer y, especialmente, de poder.
La novela comienza el 27 de julio de 1720 con Felipe e Isabel firmando un voto secreto de abdicación, en lo que supuso una decisión sorprendente pero muy meditada, tal y como se reflejará en el relato de todo lo sucedido desde que 1714, el año más decisivo del reinado de Felipe hasta entonces, que comenzó con el fallecimiento de su primera esposa María Luisa de Saboya y concluyó con una nueva esposa, destinada a aliviar la tristeza del viudo soberano, "una italiana, que iba a gobernar un reino español como consorte de un esposo francés".
Pronto Isabel se mostrará con una pericia y habilidad asombrosa para quitarse de en medio a todos los que pudieran poner en peligro sus ambiciosos planes, demostrando que, de una manera u otra, siempre "acababa ganando cualquier partida, sin importar quienes fueran los peones". Pronto encontró un aliado de su mismo pelaje, el cardenal italiano Alberoni, "uno de los mayores intrigantes de todos los tiempos de la corte española".
El relato nos irá desvelando, por una parte, la tenacidad de Isabel, dispuesta a luchar con uñas y dientes para que sus hijos alcanzasen los destino que ella había dispuesto para ellos, "incluso por encima de los intereses de España", y el declive de un rey, obsesionado por la muerte y el sexo, rebelándose siempre frente a un destino que intentó esquivar y que, de forma paradójica, terminó protagonizando el reinado más largo de la historia de España, a pesar de todos sus esfuerzos por evitarlo.
Enfrentado todos lo obstáculos, conspiraciones, reveses y tragedias, Isabel se mostrará como una mujer que no abrazaba fácilmente la derrota, mientras Felipe se irá obsesionando de forma autodestructiva con el paso del tiempo, convirtiendo un peculiar reloj en el remedio de sus males, algo que también se torció por el robo de una pieza cuya búsqueda se convirtió en objetivo prioritario para intentar mejorar el estado del rey. La corona maldita es una novela intensa, pasional, que nos acerca a la figura "y de la maldición que siempre sintió como una sombra que se cernía sobre su corona y la de su dinastía".
Sobre los reyes visigodos, sólo se tienen sospechas de que alguno de
ellos pudo ser enterrado en la Iglesia dedicada a Santa Leocadia de
Toledo. De las 'rawdas' o cementerios reales de los diferentes reinos
musulmanes tampoco se sabe mucho. El de Córdoba podría estar bajo el
actual Palacio Arzobispal o en algún lugar cercano al Alcázar, aunque no
se sabe a ciencia cierta. Se tiene la casi certeza, en cambio, del
traslado de los restos de los monarcas nazaríes por Boabdil al Castillo
de Mondújar a la caída de Granada, aunque perdiéndose su rastro desde
entonces. Sobre la sepultura de los Reyes de los diferentes reinos cristianos,
desde Pelayo, se sabe prácticamente todo. Sus tumbas están repartidas
por todo nuestro territorio, algunas en lugares realmente
espectaculares, tanto por su emplazamiento como por la arquitectura que
los cobija. Estos son a nuestro parecer los panteones reales más
significativos (Nota: Todos están abiertos al público, en su mayoría
bajo el pago de una entrada).
1. Panteón Real de la Catedral de OviedoAunque
durante siglos los restos de los miembros de la realeza astur-leonesa
estuvieron dispersos por distintos monasterios, la mayoría (8 reyes y
sus familias) terminan en seis nichos barrocos de la nueva capilla de Nuestra Señora del Rey Casto que se construye a principios del siglo XVIII. La gran excepción es Pelayo que permanece en la Santa Cueva de Covadonga. | Más información aquí
2. Panteón Real de San Juan de la PeñaEn
la antigua sacristía de la Iglesia Alta del antiguo monasterio están
enterrados en un panteón reformado por Carlos III en 1770 los restos de
algunos monarcas navarros que reinaron en Aragón, de los primeros condes
aragoneses y de los tres reyes iniciales de la dinastía ramirense, Ramiro I, Sancho Ramírez, Pedro I, junto con sus esposas. Por otro lado en San Pedro el Viejo de Huesca se encuentran sus sucesores Alfonso I el Batallador y Ramiro II el Monte (en un sarcófago romano del S.II). | Más información aquí
3. Panteón Real de Santa María Real de NájeraEn este monasterio riojano se conservan los sepulcros de los reyes del reino de Nájera-Pamplona,
precursor del reino de Navarra que se mantuvieron en el poder desde el
918 hasta 1135, llamando la atención la calidad de algunos de ellos en
estilo románico. | Más información aquí
4. Panteón Real de San Isidoro de LeónEsta joya del románico alberga desde el reinado de Fernando I en el S.XI los restos de los reyes de León
y sus familiares, desde Alfonso IV que reinó durante el S.X, hasta
García, rey de Galicia que murió en 1090. Muy cerca en la Catedral de
León se encuentra enterrado el rey Ordoño II que vivió hasta el 924. | Más información aquí
5. Catedral de ToledoEn este espléndido edificio están enterrados en magníficos sepulcros seis monarcas de Castilla.
Tres en la Capilla Vieja, incluido Alfonso VII El Emperador, y los tres
primeros Trastámara en la Capilla de los Reyes Nuevos: Enrique II, Juan
I y Enrique III. | Más información aquí
6. Catedral de SevillaLa Capilla Real alberga los sepulcros de tres de los reyes más carismáticos de nuestra historia: Fernando III El Santo, su hijo Alfonso X El Sabio y Pedro I El Cruel,
además del de sus consortes y algunos familiares. Por otra parte, en la
Iglesia de San Hipólito de Córdoba se guardan los restos de sus
sucesores, Fernando IV y Alfonso XI. | Más información aquí
7. Monasterio de PobletEste
preciosos edificio cisterciense en la provincia de Tarragona, declarado
Patrimonio de la Humanidad en 1991, Fue panteón real de la Corona de Aragón
hasta el S.XV. Están enterrados sus principales reyes. Sólo Pedro III y
Jaime II reposan en el cercano Monasterio de Santes Creus. | Más información aquí
8. Monasterio de las HuelgasEste carismático edificio mayormente gótico guarda en espléndidos sepulcros los restos de los reyes Enrique I y Alfonso VIII además de otros muchos miembros de la realeza castellana de los siglos XII, XIII y XIV. Muy cerca es visita imprescindible la Cartuja de Miraflores donde Isabel Católica mandó construir un espectacular sepulcro a sus padres y a su hermano Alfonso que realizó Gil de Siloé. | Más información aquí
9. Capilla Real de GranadaMandada
construir por los mismo Reyes Católicos, representa uno de los hitos
tanto de la arquitectura como la escultura funeraria. Sus sepulcros
fueron realizados por Domenico Fancelli, mientras el de su hija Juana
con Felipe El Hermoso es obra de Bartolomé Ordoñez. Están rodeados de
excepcionales obras de arte de su época. | Más información aquí
10. Cripta Real del Monasterio de El EscorialFue
diseñada por Juan Gómez de la Mora ya en el S.XVII, albergando todos
los reyes y muchos de sus familiares, desde Carlos I hasta Juan III que
no llegó a reinar. Las excepciones son Fernando VI y Barbara de Braganza
que se enterraron en el madrileño Convento de las Salesas Reales, José I
cuyos restos se encuentran en Les Invalides de París y Amadeo I que
está con su esposa en la Basílica de Superga de Turín. | Más información aquí
Aquest rei en Jacme fo lo plus bell hom del món; que ell era
major que altre home un palm, e era molt bé format e complet de tots sons
membres, que ell havia molt gran cara, e vermella, e flamenca, e el nas llong e
ben dret, e gran boca e ben feita, e grans dents, belles e blanques, que
semblaven perles, e els ulls vairs, e bells cabells rossos, semblant a fil
d'aur, e grans espatlles, e llongs cor e delgat, e els brasses grossos e ben
feits, e belles mans, e llongs dits, e les cuixes grosses, e les cames llongues
e dretes e grosses per llur mesura, e els peus llongs e ben feits e gint
causans. E fo molt ardit, e proas de ses armes, e forts, e valent, e llarg de
donar, e agradable a tota gent e molt misericordiós; he hac tot son cor e tota
sa volentat de guerrejar ab sarraïns."