jueves, 24 de diciembre de 2015

JAIME I Y EL DRAGON

Vicisitudes históricas en torno a la cimera de Jaime I

  
        
La cimera de Jaime I, un dragón alado. La cimera de Jaime I, un dragón alado.  
BARTOMEU BESTARD (*) 
En las casas consistoriales de Cort se conservaron de inmemorial una serie de objetos que según la tradición había pertenecido al rey Jaime I o a algún otro protagonista de la Conquista. Su silla de montar a caballo, su espada, sus estribos, un escudo atribuido al rey moro, algunos trozos de cota de malla, las capas de los caballeros Montcadas... y la cimera del rey cristiano en forma de dragón alado. Todas esas piezas eran expuestas delante de la fachada de Cort cada 31 de diciembre, día en que se celebraba la fiesta de la Conquista o de "l´Estendard". El 17 de enero de 1831, el bailío del Real Patrimonio en Baleares, Manuel Herrán, comunicaba al Ayuntamiento de Palma que el Rey don Fernando se interesaba por todas aquellas antigüedades para que fuesen a formar parte de la colección de la Real Armería. Durante seis meses el Ayuntamiento de Palma hizo oídos sordos a tal petición. Poco tiempo después se repitió otro comunicado reiterativo solicitando una contestación inmediata para poderla trasmitir a Palacio. La Corporación se vio así presionada a desprenderse de esas piezas. El 29 de octubre se hizo entrega de ellas al Sr. Herrán, quien las envió de inmediato con destino a Barcelona y luego a Madrid. En todo caso, la ciudad de Palma, y por extensión toda Mallorca, se quedó sin su particular repertorio de objetos de la Conquista. Por supuesto, ninguna de esas piezas de museo había sido testigo de las hazañas de Jaime I, siendo la factura de todas ellas posterior al siglo XIII. Para el caso que nos ocupa, la cimera real del dragón alado, utilizada por algunos monarcas de la Corona de Aragón, ha sido quizás el elemento que más se ha identificado con Jaime I, hasta tal punto que, todavía hoy en día, hay gente que cree que el monarca catalán conquistó Mallorca con la cabeza coronada con la cimera del dragón. 

A partir de los estudios sobre vestimenta y heráldica medieval aparecidos durante el siglo XIX, se sabe que las cimeras con formas de animales fantásticos u objetos excéntricos no fueron usuales hasta finales del siglo XIII. En el caso del ámbito catalán, la cronología todavía se restringe hasta las primeras décadas del siglo XIV. Las cimeras, hechas de materiales ligeros -cartón o pergamino-, se colocaban encima del casco de metal. Así como éste último pertenece al grupo de las armas defensivas, en este caso de la cabeza, las cimeras tenían como objetivo asustar al caballo del adversario durante el combate. Ello explica por qué se recurría muchas veces al repertorio del bestiario medieval, de mayor impacto sobre el caballo enemigo. Durante los siglos XIV y XV, se puso de moda en los torneos de justas de toda la Cristiandad que los caballeros apareciesen habillados con espectaculares cimeras, tal como se puede contemplar en las fabulosas miniaturas del Livre des tournois de René de Anjou (1460-65). Esta moda afectó también a los monarcas que aprovechaban sus apariciones estelares durante los desfiles para lucir grandes cimeras que les identificaban. En el Armorial ecuestre del Toisón de Oro de la Bibliothèque del Arsenal, aparecen los principales reyes y condestables de Europa, casi todos ellos con cimera: el rey de Portugal tiene una cimera en forma de cisne; el rey de Inglaterra aparece con una cimera en forma de león, figura que aparece en su escudo; el rey de Francia presenta una cimera con un ángel con tres flores de lis, figura que hace referencia a los orígenes sobrenaturales del escudo de Francia; el rey de Castilla, lleva como cimera un castillo con un león que sobresale de una de sus torres, figuras que hacen referencia a los dos reinos...; y el rey de Aragón porta la cimera del dragón alado, ¿hace referencia al dragón de San Jorge, quizá? No lo sabemos. Sí se sabe con certeza que Jaime I nunca utilizó ningún tipo de cimera. 

También se ha podido demostrar que el primer monarca en utilizar la cimera del dragón alado fue Pedro IV, el Ceremonioso, a partir del cual los reyes de Aragón, hasta Fernando el Católico, lo utilizaron como emblema. Así pues, si la cimera no perteneció a Jaime I, ¿de dónde procede? José María Quadrado, a finales del siglo XIX ya desveló el documento, firmado en 1407, por el rey Martín I, el Humano, en virtud del cual concedía a los jurados del reino de Mallorca su cimera para que fuese llevada por el portaestandarte durante la fiesta de la Conquista. El documento del rey Martín I nos desvela el origen de nuestra famosa cimera. En la actualidad el Ayuntamiento de Palma conserva una copia, la original , como ya se ha dicho, se conserva en la Real Armería de Madrid. El error de representar a Jaime I con la cimera del dragón se origina en el siglo XVI, con la publicación del Aureum opus (1514), dónde aparecen los reales privilegios otorgados a la ciudad y reino de Valencia, así como la crónica de su conquista. Esta obra contiene un grabado en dónde se representan las armas de Aragón y la figura ecuestre de Jaime I, ambas coronadas por el dragón alado. Este grabado sin duda, ayudó a difundir la falsa imagen del Conquistador. 

Este mal entendido, lejos de esclarecerse, se complicó todavía más durante el siglo XVII, gracias a la publicación de la Historia de Valencia, de Gaspar Escolano. Éste, a la narración del Llibre dels Fets, crónica del propio Jaime I, añade una serie de fantasías que posteriormente se considerarán hechos reales. Este autor atribuye a Jaime la adopción de la divisa del "rat penat por haberse aparecido un murciélago [confunde el dragón alado con un murciélago] de plata en el sitio que ocupaba la lanza de la señera cristiana, que flotó por primera vez en el adarve de la torre del Temple". Relato completamente falso, pero que se extendió como la pólvora hasta tal punto que algunos escudos de nuestra antigua Universidad del Reino de Mallorca -como por ejemplo los escudos de piedra que hay sobre los portales de la fachada de Cort que son del siglo XVII-, fueron coronados por un murciélago, el mismo que hoy extiende sus alas sobre el escudo de nuestro Ayuntamiento.
(*) Cronista oficial de la ciudad
BARTOMEU BESTARD
Cronista Oficial de Palma Mallorca